El Maradona que quiero recordar…

Su muerte como su vida han desatado pasiones, algunas de ellas insanas, como las fechorías que sin duda cometió el Pelusa, aquel barrilete cósmico que marcó el mejor gol de la historia de los mundiales

 

Diego Armando Maradona murió este 24 de noviembre a los 60 años de edad y no debo desperdiciar mi oportunidad de comunicador para escribir algo sobre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde del Fútbol, el “to be or not to be” de William Shakespeare, pero sin dudas un Mozart sobre la cancha, el Gardel de los potreros de Villa Fiorito.

Y como tengo la libertad de elegir lo que pienso, siento o escribo, opto por “rayar unas líneas” sobre la primera mitad de su vida, que tiene cosas más ricas que contar a las nuevas generaciones, principales objetivos de lo que voy redactando a medida que ordeno mis ideas.

No puedo precisar la primera vez que escuché su nombre. El primer mundial que seguí con interés de novicio fue el de 1978 en donde él había nacido, 17, casi 18 años antes. Aunque mi hermano mayor diga que el de 1970 y en especial la final Brasil-Italia la fuimos a ver por TV a casa de los Chacón, unos amigos de infancia que vivían frente al Estadio La Carolina no lo recuerdo, entonces apenas yo tenía 5 años de edad. Para el mundial de Alemania, cuatro años más tarde, mi papá nos sorprendió una mañana regalándonos el álbum de barajitas donde descubrimos los WolfAlonsoTroncosoChazarretaKempes, etc., paisanos del protagonista de nuestra nota.

 

SURAMERICANO JUVENIL 1977

Las primeras referencias de Maradona en nuestro país se tuvieron cuando a los 16 años de edad, asistió a un Torneo Juventud de América disputado en Mérida, Caracas y Valencia, quedando el grupo B para jugar en el estadio Misael Delgado de la capital carabobeña. Los rioplatenses no tuvieron mucha fortuna, quedando fuera de la clasificación al Mundial de Túnez.

Argentina no ganó en 4 partidos y uno de sus dos empates fue ante la vinotinto juvenil. Uno de los jóvenes nuestros de aquel combinado nacional, Juan José Cheché Vidal, nos relata: “yo no pude enfrentarlo pero recuerdo que era un chico buena nota, además de destacarse en la cancha. Un día jugábamos luego de ellos y al salir de la cancha se acercó a mi, me dio la mano y me deseó suerte…”

Su explosión sería 2 años más tarde cuando en Montevideo clasificaron al Mundial juvenil de Japón 1979 donde se titularían Campeones, con Maradona en plan estelar marcando 6 goles en los 6 partidos para ganar el Balón de Oro y habilitando a Ramón Díaz en la mitad de los 8 que lo convirtieron en máximo artillero.

 

EN 1981 EL GRÁFICO LLEGÓ A MIS MANOS

 

Habíamos terminado el 5to de bachillerato por lo que nuestros padres nos llevaron a conocer a la Isla de Margarita, lugar turístico del oriente de Venezuela donde por ser “Zona Franca” se iba a comprar ropa, zapatos y otras mercancías que no se conseguían comúnmente en tierra firme.

Para mi sin duda la más valiosa de esas curiosidades fue la adquisición, en la avenida 4 de mayo de Porlamar, de dos ejemplares de una revista semanal que se publicaba en Buenos Aires llamada EL GRÁFICO. Hoy reconozco la influencia literaria que tuvo sobre mi para apasionarme por el periodismo deportivo u en especial por el Fútbol. La prosa de JUVENAL, seudónimo de Julio César Pascuato, convertía a los jugadores en dioses del Olimpo. En ese primer ejemplar que leí, disfruté como describió un empate a 1 gol entre River Plate y Boca Juniors jugado en la cancha del primero.

Fue un encuentro muy bronco y en uno de los subtítulos JUVENAL dibuja este símil “58 espinas y 1 flor”, aludiendo a las faltas cometidas entre gallinas y xeneises y el golazo de Diego Maradona batiendo a Ubaldo Fillol para la ventaja boquense que igualaría Mario Alberto Kempes en la segunda mitad.

De una entrevista hecha a JUVENAL recojo estas preguntas sobre Diego Armando Maradona:

¿Quién fue el futbolista más difícil de tratar?

-Diego Armando Maradona.

Las actitudes de Maradona son inevitables o simplemente caprichos?

-Aparentemente, son inevitables. De lo contrario, alguien tan inteligente como él las evitaría.”

¿Qué lo emociona más: una gambeta del mejor Maradona o una del mejor Corbatta?

-No hay comparación. Lo de Maradona es único.

RICARDO BOCHINI, SU ÍDOLO

“Yo con usted aprendí a sentarlos de culo. Yo tocando la pelota, usted amagando”

Estas palabras les expresó Diego al excelente jugador de independiente de Avellaneda en mensaje de whatsapp en uno de sus últimos cumpleaños cuando “Bocha” llamó a felicitarlo.

Ricardo Enrique Bochini, 6 años mayor que Maradona, ganó 4 Ligas, 5 Copas Libertadores y 2 intercontinentales con el único equipo en el que jugó y por el que Diego expresó en algún momento devoción así como favoritismo por el juego del “10” del Rey de Copas.

Pero Bochini no tuvo la suerte de disputar más que 5 minutos en el Mundial del 86, cuando Bilardo lo hizo ingresar por Burruchaga cuando ya el resultado estaba 2 a 0 a favor de Argentina.

“Cuando vi que entraba Bochini me pareció que tocaba el cielo con las manos, por eso lo primero que hice fue tirar una pared con él. En ese momento sentí que estaba tirando una pared con Dios”.

En 1987, Independiente venía a Mérida a jugar lo que sería la novena de diez ediciones en las que participó. Venían de perder en San Cristóbal frente a Táchira con el gol aquel de arco a arco de Francovig y no estaban de buen humor en el Hotel Prado Río donde se hospedaron. Claudio Marangoni se negó tomarse una foto con aquel aficionado venteañero que se le acercó, no así Bochini con quien en una época que no existían celulares ni selfies, dejó que de espaldas a la piscina captáramos una imagen que en algún sitio ha de estar 33 años después. Y lo hice pensando que ese semicalvo era el Ídolo del Campeón vigente de la Copa Mundial de México un año antes.

 

SÓLO LO VI UNA VEZ EN PERSONA

En 1992 Maradona regresó a España cuando el Sevilla pagó 7.5MM de dólares por su pase desde el Nápoles. Entonces jugaba en la Liga un equipo de Burgos donde vivía un colega odontólogo, amigo hijo de argentino y española que en nuestros años de Universidad me había obsequiado decenas de ejemplares de El Gráfico, por ende futbolero.

Sevilla había ido de visitante a El Plantío el reducto burgalés donde Maradona dio los 2 pases gol para el triunfo andaluz. Una de las anotaciones había sido del croata Davor Súcker.

El hecho es que al final del juego e irse el club visitante al hotel, mi amigo fue con su padre a tratar de conocer a Maradona. No se que estrategia usaron y si tuvieron mucha dificultad pero un mes después entre unas postales venía un trozo de papel con la firma de Diego, que conservé por mucho tiempo hasta que como vino desapareció.

La única vez que llegué a verlo fue en mi segundo viaje a Buenos Aires en marzo de 2009 en compañía del periodista Jesús Emilio Chuy Pineda para la transmisión radial del juego de eliminatorias entre Argentina y Venezuela.

Era el debut en partido oficial de Maradona como DT de la albiceleste lo que como todo lo que lo rodeó a él en vida, se convertía en un suceso.

Dos recuerdos en particular haré mención que resumen el “Ser o No Ser” de este predestinado, la atracción o la repulsión que no lo dejó pasar inadvertido en esta vida.

El primero fue cuando nos dirigíamos al estadio y en el anillo de seguridad más distante un oficial nos detiene a los 5 o 6 periodistas venezolanos que íbamos y además de indicarnos nuestra puerta de acceso nos suelta medio en broma medio en serio lo siguiente: “… si oyen una sirena fuerte por está avenida antes de ingresar a la cancha no se asusten… es que le traen la mafafa a Diego.” A mi me dio pena ajena, mientras el funcionario se quedaba riendo.

 El último instante fue su aparición en el engramado del estadio monumental. Los fotógrafos se desentendieron de las gráficas que le hacían a los jugadores y en tropel se fueron a buscar la mejor foto del sonriente entrenador. Se olvidaron de MessiTévez o Agüero y corrieron por donde ingresaba Maradona, provocando caídas de sus colegas por llegar primero. El resultado fue derrota venezolana 0-4 para el olvido…

Luis Edgardo Aguilar